En Colombia, las difíciles condiciones en las que vive la mayoría de esta población, los crímenes por perjuicio y odio, el conflicto armado que azota las zonas rurales y las constantes amenazas a procesos organizativos y liderazgos precariza su vida, bienestar y, al final del día, su ciudadanía.En junio debemos recordar esta lucha con orgullo y seguir reclamando nuestra ciudadanía con fuerza. Ha sido largo el camino demandando seguridad, salud, trabajo, educación, no violencia, entre otras garantías que más accesibles desde la heteronormatividad y la binariedad. Desde los disturbios del Stonewall Inn (Nueva York, Estados Unidos) en junio de 1969, o desde 1982, año en que se realizó la primera marcha por el Orgullo Gay en Colombia, contamos con algunas victorias, pero no con la materialización y disfrute de nuestra ciudadanía completa. Hemos logrado la despatologización de las identidades trans y de género diverso, la despenalización de la homosexualidad, que en Colombia solo se alcanzó hasta 1980, y el reconocimiento de derechos patrimoniales por parte de la Corte Constitucional a partir de la Sentencia C-075 del 7 de febrero de 2007, pero en Colombia seguimos recibiendo trato de ciudadanos de segunda categoría.