Las comunidades negras: guardianas de la riqueza biodiversa y de los activos culturales del Pacífico

Las comunidades negras: guardianas de la riqueza biodiversa y de los activos culturales del Pacífico

Por Audrey Mena

La región pacífica constituye, después de la Amazonía, la reserva más grande de recursos naturales del país. Al lado de la diversidad biológica, e íntimamente relacionada con ella, se ubica una gran diversidad cultural representada en los conocimientos y técnicas desarrolladas durante siglos por las comunidades negras que habitan la región. Han sido precisamente las comunidades étnicas las que logrando recoger frutos para su subsistencia y a la vez conservar la base natural. Han desarrollado tradiciones y técnicas armónicas con la naturaleza. Han construido, en el lenguaje de expertos, un modelo de conservación y uso sostenible de la biodiversidad, lo que permite hoy en día al país tener esa reserva natural y cultural en el Pacífico. Sin embargo, el conocimiento tradicional, elemento esencial de la identidad de las comunidades negras, se está erosionando, y en algunos casos perdiendo, por razones internas y externas a las mismas comunidades.

En la actualidad hay un panorama desalentador, la extinción de la diversidad cultural y biológica del Pacífico se debe en gran parte al desconocimiento de esas técnicas y tradiciones centenarias desarrolladas por las comunidades para resguardar el monte. Así mismo han incido las oleadas de colonos que han llegado al andén Pacífico en busca de medios de vida (grupos armados, inversionistas nacionales y extranjeros), que han explotado sus riquezas, desplazando a las comunidades de sus territorios. La realidad del pacífico en la actualidad son los ríos contaminados por la minería, la vegetación deteriorada por la tala de arboles, y la tendencia extractiva de los recursos de la biodiversidad, que ha superado el umbral natural de cambio, generándose patrones de perdida para la sustentabilidad de la región. Pese a esto, las comunidades negras, siguen haciendo resistencia en sus territorios. Para las comunidades étnicas negras, el conocimiento tradicional es la base que transforma el territorio como un espacio espiritual, político, cultural y económico, en donde desarrollan sus relaciones sociales específicas, formas distintas de uso y apropiación de los recursos naturales. El significado del uso colectivo y ancestral del conocimiento tradicional se basa en su principio de autonomía, no como una situación de dominio sobre un recurso producto de sus procesos de apropiación tradicional, sino que implica y requiere la posibilidad de la toma de decisiones sobre lo que les pertenece por naturaleza propia.

Mientras que las comunidades negras pretenden mantener vigentes sus costumbres y tradiciones, algunas prácticas productivas de carácter colectivo, que de generación en generación han utilizado, tienden a desaparecer, como “la mano cambiada, la minga y la bota”, no sólo por “la situación crítica que experimentan las comunidades en la satisfacción de las necesidades básicas como la seguridad alimentaria y la salubridad” sino también, y es una de las razones más importantes, por la “introducción de sistemas productivos no sostenibles, expresados en forma de agroindustria del monocultivo de palma africana, y la proliferación de cultivos de coca y amapola.

Es importante llamar la atención del gobierno nacional frente a este situación, porque lo cierto es que las comunidades negras son actores estratégicos comprometidos con la consolidación del Territorio-Región del Pacífico, como garantía de la vida y cultura. En efecto, cualquier intervención relacionada con los conocimientos tradicionales y de la biodiversidad en los territorios de comunidades negras debe ir orientado desde los lineamientos del uso sostenible, respeto de las prácticas tradicionales, garantía de los procesos de participación, coordinación, concertación, consulta y consentimiento, autonomía y gobierno propio.

Mi pronombre es “Ella”

Mi pronombre es “Ella”

Por: Dayana Blanco Acendra 

De verdad que nos ha costado trabajo entender esto de las diferencias entre orientación sexual, sexo asignado al nacer, identidad de género y expresión de género. Nos cuesta mucho dejar que la gente exprese su humanidad como se le venga en gana, independiente de la persona con quien se acueste o lo que lleve entre las piernas. Esto sí que es un problema cotidiano sobre todo para las personas que no expresan su género según los roles que se les han impuesto. Ir al baño, a la peluquería, al trabajo se convierten en una ruleta rusa de enojo y frustración interminables. Imagínate sentadx en un restaurante y al tomarte el pedido te llamen por un pronombre con el que no te identificas, que te digan señor o él, siendo tu una señora o ella, y viceversa, o que tal vez te llamen por alguno de estos dos cuando tu no te identificas con ninguno. Imagínate entrando al baño de mujeres y que el personal de seguridad te mande a salir porque, aunque eres una de ellas, luces como un hombre o que se quejen por compartir el baño contigo. Es frustrante, indignante, es una experiencia por demás humillante.

Al fenómeno de llamar a una persona por un pronombre o asignarle un género con el que no se identifica se le llama “Misgendering” o género malentendido, ocurre cuando te refieres intencionalmente o no a una persona de una forma que no se alinea con su identidad de género. Por ejemplo, referirse a una mujer como “él” o llamarla “hombre” es un acto de misgendering.

El problema básicamente es que eres diferente y se nota, eres un alguien innombrable, inclasificable, una identidad que toca ajustar a las cajas (roles) sociales. Si no te vistes como una niña, entonces eres un niño, y viceversa, como si no hubiese nada en la mitad u otra opción. Quien te mira, te nombra según la imagen que mandas a su cabeza, no importa quién eres, si no lo que llevas o cómo te ves, como diría mi mamá: “Como te ven te tratan”, no sabe ella todo el dolor que puede producir esa frase en el día a día de algunas personas.

Si te notas, tus posibilidades de socialización, de alcanzar el bienestar son bastante limitadas, incluso dentro de la propia comunidad LGBTIQ+ se juzga al hombre gay si es muy amanerado y la mujer lesbiana si es muy gallina (afeminada) o muy marimacha. No encajas, no cumples con lo que otras personas esperan de ti. Estarás a salvo siempre y cuando no te vean, siempre que te adaptes.

En esta sociedad cuadriculada, homófoba y violenta, la primera regla de conservación y supervivencia que se aprende como persona LGBTIQ+ es no notarse, no notarse en la familia, en el colegio, en el trabajo, frente al espejo incluso. Es una estrategia de supervivencia, pasar como mujer, como hombre, como heterosexual, aunque no te sientas o seas tal. Caminar como “señorita” si la sociedad te asignó el rol de mujer, sentarte como un varón si te han nombrado hombre. Te conviertes en un ser gris, sin alma, como un papel transparente que se adapta a su entorno para vivir unos años más, para evitarte empujones o puñetazos, con la esperanza de algún día ser libre, expresar lo que sientes, verte, sentir, decir y experimentar el mundo desde lo que eres.

Algunas personas, en su mayoría LGBTIQ+, que no asumen los roles de género que se les han impuesto o que no expresan su género dentro de los conceptos e imaginarios asociados a la binariedad hombre-mujer, se ven obligadas en muchos casos a la deshumanizante tarea de ocultar características básicas de su ser, de su personalidad, sus gustos, su estilo, la forma como quieren expresarse ante el mundo, cómo experimentan su género, o cuando asumen el valiente reto de expresar su género como les viene en gana, se enfrentan a la invisibilización y la clasificación errónea de lxs otrxs. Las micro violencias que sufren estas personas en lo cotidiano son innumerables y no me va a alcanzar este artículo para describirlo, sin embargo, creo que hay una acción urgente que podemos poner en práctica para reducir este problema: Naturalizar la pregunta de los pronombres, preguntarle los pronombres a una persona antes de dirigirte a ella, es liberador…para ambas partes. Si consideras que preguntar los pronombres es demasiado extraño, y no quieres herir susceptibilidades, simplemente pregúntale el nombre a esa persona y si no sabes qué pronombre usar, cuando debas referirte a esta persona reemplaza el pronombre por el nombre de pila, por ejemplo: En vez de decir, este teléfono es de ella o de él, di este teléfono es de “Andrea”, este teléfono es de “Andrés”.

Mi nombre es Dayana, llevo pelo corto, camisas holgadas y uso gorras. Expreso mi género desde formas predominantemente masculinas, soy una mujer y mi pronombre es “ella”.

 

Las experiencias raciales de los colombianos en Estados Unidos

Las experiencias raciales de los colombianos en Estados Unidos

Por Daniel Gómez Mazo

Una conversación recurrente que tengo con otros colombianos que viven en los Estados Unidos (donde yo resido hace un par de años) tiene que ver con la forma en la que viven sus procesos de racialización en este país. Cuando hablo de racialización me refiero a la asignación de una identidad, en este caso marcada, que le asigna a uno un lugar subordinado dentro de un sistema social que está estratificado de acuerdo con factores como el color de piel, el idioma, la ascendencia, la nacionalidad.

Muchos de mis amigos y conocidos colombianos nunca se sintieron racializados en Colombia. Es decir, son personas mestizas; y uno de los privilegios que tiene ser mestizo en Colombia es, precisamente, no tener una identidad racial diferenciada o, mejor dicho, poseer una identidad racial que es invisible: no se siente, no se nombra, no se nota. El viaje de Colombia a los Estados Unidos se traduce en un tránsito racial: se pasa de no sentir el impacto de las categorías raciales (o ser mestizo), a convertirse en latino, hispano, person of color, entre muchas otras cosas. Este cambio, sin duda, genera perplejidad en mis connacionales porque genera una discusión compleja sobre la identidad: ¿en qué categoría quepo?, ¿por qué preguntan por la raza en todo lado?, ¿por qué todos esos formularios tienen tantas categorías (White, African-American, Latino, Hispanic, Native American, Asian, Middle Eastern, Pacific Islander?

En este sentido, mi experiencia es un poco distinta. Yo soy una persona que tiene una identidad marcada en ambos sitios. Mi identidad racial, si bien varía de acuerdo con la parte del país en que me encuentre y pese a nombrarse de muchas maneras (negro, moreno, afro, etc.), es una identidad racial subordinada. Si bien en los Estados Unidos mi nacionalidad y mi lengua alteraron esa identidad racial para agregarle lo latino (convirtiéndome en un afrolatino), no es la primera vez que se me pregunta por mi raza, o que se me nombra a través de una categoría racial.

Además de la incertidumbre que genera el rosario de categorías raciales que hay en Estados Unidos (que se suman a las de género y clase), aparece el contenido de esa identidad. Es decir, la forma en la que ser latino o hispano no es solo una etiqueta, sino la descripción de un conjunto de realidades complejas: la forma en la que la identidad está marcada porque va aparejada de la imposición de cargas en este contexto social. Ser latino es, en últimas, una identidad subordinada, una forma de alteridad en oposición a la cual, en muchos casos, se establece quién está incluido o no en espacios de privilegio.

Una condición que he observado que moldea la experiencia de ser latino en los Estados Unidos es el color, aunque no es la única—la clase, el estatus migratorio, el idioma tienen también un peso enorme. Hay colombianos que tienen un color de piel muy claro, a tal punto que si uno los pone en casi cualquier calle de los Estados Unidos pueden ser considerados blancos (they can pass as White—como diría la gente acá). Esto, sin duda, se traduce en ciertos privilegios, como que en ciertos espacios dominados por personas blancas en este país su presencia pasa inadvertida. Sin embargo, estos privilegios raciales no siempre son completos, porque otras condiciones pueden alejarlos de la blanquitud estadounidense, como el idioma o el nombre. En dicho sentido, algunos de estos colombianos blancos experimentan discriminación debido que tienen un acento extranjero o su dominio del inglés no es perfecto y, como el resto de nosotros (angloparlantes no nativos), luchan para que el mesero o el agente de call center les entiendan lo que están diciendo. Otros enfrentan las barreras generales asociadas con la nacionalidad colombiana: la sospecha en los aeropuertos, los chistes sobre narcos, etc.

Una situación distinta ocurre con los colombianos cuyo color de piel no es (tan) claro. A estos en la calle la gente fácilmente los categoriza como latinos por sus características físicas y los estereotipos que existen sobre “la apariencia de los latinos”. Estos tienen acceso a un menor número de privilegios, debido a que su fenotipo (color de piel, tipo de pelo, grosor de los labios) los ubica en una posición de mayor vulnerabilidad frente al racismo y la discriminación.

En relación con este punto, mi experiencia también es distinta. Por ejemplo, una experiencia que tuve tanto en Los Ángeles como en Medellín es que en ambas ciudades la gente cruza la calle para esquivarme y no cruzarse conmigo, probablemente porque me consideran peligroso. Debido a mi color de piel, enfrento cargas similares a las que enfrentan las personas negras en los Estados Unidos y en Colombia, al menos en el trato diario (las dimensiones de racismo estructural y el sentido histórico que tiene ser afroamericano son completamente distintos).

En conclusión, las experiencias de racialización de los colombianos, que muchos experimentan solo cuando salen del país, son influenciadas por distintos factores, como por ejemplo el color de la piel. Debería existir mayor reflexión sobre cómo el movimiento internacional de personas y la migración terminan por abrir nuevas discusiones sobre las dimensiones globales del racismo y la discriminación.

 

Foto licencia CC : https://www.flickr.com/photos/alexcampro/3929023631/in/photolist-6ZcgQK-nLBFox-82LniF-fi4Jpi-8Nbm5i-nAns16-5zquZT-nuhJgf-5bU3n-2CKwq6-EYh4y-nui6m8-5zr7X6-51GGCY-5bU3X-5zqnpX-4MVU3N-nu88RS-6Zg2dm-8b15VM-SN53a5-nu7PEv-nu8aQb-nuhx5g-nu8Eyk-GLERCD-a1bRGJ-r1Thun-6BxiXP-Wtg71L-WJgcQe-WEF897-WJgcje-Wtg79w-WJgcMD-7EUb8f-ntBGEX-nLjyq4-7RVdX1-8qBFjC-5zqZke-ntC2rL-tLb1r-nJJyaJ-nuhX63-nuhTpq-nu82yu-84iij-5zqqXn-nuigck

¿Por qué no había leído literatura afro?

¿Por qué no había leído literatura afro?

Por Eliana Alcalá 
Investigadora de Ilex – Acción Jurídica

Qué leemos define en gran parte lo que somos y lo que hemos conocido a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, espacios como el colegio, donde personas como yo aprendimos a leer, no nos muestran las realidades que somos y vivimos.   Hace poco, con la muerte de Toni Morrison – a quien leí sólo hasta este año- me pregunté ¿Por qué nunca leí un autor afro en el colegio? Todo lo que conocía al terminar mi bachillerato era literatura europea, el realismo mágico de Gabriel García Márquez, libros juveniles, narconovelas. Al leer a Morrison, Ngozi, Zadie Smith, Maya Angelou, todas autoras negras, me di cuenta que tenía un vacío y que me había privado de otro mundo que puede ser narrado. Ese vacío se hizo más grande cuando analicé que ni siquiera había leído un autor (a) afro colombiano (a). Me había perdido de una dimensión literaria que encarna y cuenta nuestra identidad e historia, y mi colegio, lugar que debió guiarme a ese descubrimiento, invisibilizó completamente su existencia.

Al conversar con mis conocidos (as) me di cuenta que no era la única que tenía esa sensación. Hay una invisibilización de la literatura afro y en especial la afrocolombiana en nuestra etapa de formación. Algo que se nos hacía curioso porque todos (as) estudiamos en la costa caribe colombiana, reconocida hoy por haber dado los mayores representantes de esta corriente: Jorge Artel, Manuel Zapata Olivella, Roberto Burgos Cantor, entre otros. Estábamos tan lejos pero tan cerca de conocer lo que se había nublado, y le seguía dando vuelta a las razones.  En este proceso, reflexionaba sobre esa tendencia a elevar la literatura europea, a centrar nuestras lecturas en cánones eurocéntricos, “occidentales”, en mostrarnos solo una parte de cómo pueden ser contadas las historias, una especie de racismo estructural que permeaba en qué debe ser mostrado para discutir y leer porque lo demás no se considera suficientemente aceptable o importante. Este racismo estructural fue para mí, un instrumento de segregación del conocimiento y narrativas afros, el ocultamiento de nuestra historia y patrimonio cultural. Si bien es cierto, en la actualidad hay diferentes promociones de la literatura afro como categoría, en la recolección de la obra autores para crear una diáspora y que aparentemente está al alcance de “todos”, no hay un acercamiento efectivo a los lectores, solo una especie de estrategia publicitaria superficial que no tiene un impacto real.

La tendencia editorial de mostrar y encuadrar la literatura colombiana sólo desde el realismo mágico de Gabriel García Márquez y la narconovela, hace también que estas instituciones excluyentes y racistas no den espacio a promocionar para el caso concreto los proyectos literarios afrocolombianos o afro, porque la profundidad de estas obras que generalmente vienen de las zonas apartadas del país, choque con esa visión de literatura nacional apta para los niños y jóvenes. Recuerdo mucho cuando llegaban las editoriales a mi colegio y sólo recomendaban el libro de literatura gótica del momento o la nueva versión del Quijote. Todo era parte de un círculo vicioso, que ahora tiene un poco más de sentido porque las posturas estéticas de la literatura afro eran transgresoras de ese comodín de los libros que se puede promocionar en masas. Esa incomodidad histórica que pueden traer las narrativas afros, es un precio que la institucionalidad probablemente no está dispuesta a explicar desde los espacios más fundamentales de la educación.

Hay una estructura educativa y editorial, que hace parte de un sistema racista que no me permitió en su momento conocer la literatura afro.  Con lo anterior no quiero establecer razones tajantes de las conclusiones a las cuales llego a través de mi propia experiencia, sólo esbozar argumentos que pueden estar detrás de la pregunta ¿Por qué no leí un autor afro en el colegio? No obstante, al tal vez encontrar esas razones, la desazón más grande que queda es haber perdido- al menos en ese momento- la oportunidad de ampliar mi visión literaria, social, política.

Hoy llego a la conclusión que la importancia de la literatura afro nace de reafirmar que nuestra realidad como tantas veces lo han esbozado es pluriétnica, multicultural. Así mismo es la necesidad de reconocer en otras historias que son a la vez nuestras, la identidad que se nos ha ocultado, los valores, experiencia y reflexiones que se esconden detrás de una novela, un poema, un cuento. Incluso, propender por visibilizar, promover y difundir la literatura afro es el propio ejercicio de conocer a ese país que nos han ocultado, a las cuales no volteamos a ver, al que han despojado de identidad y que coincidentemente la literatura afro rescata. No neguemos la oportunidad de reconocer en lecturas como: “En los palenques// en la casa de los negros// en la casa de los pobres// en las ciénagas// nuestra gente languidece// nuestra gente enflaquece// ellos sofocan el aire// los machetes resuenan.[1] la historia no contada y las letras de resistencia. Propendo por ejercer el derecho a leer desde pequeños nuestra identidad, para no preguntarnos de adultos ¿Por qué no he leído literatura afro?

 

[1] Maria Teresa Ramirez Neiva, En casa del amo blanco.

¿Usted qué haría?

¿Usted qué haría?

Por Dayana Blanco Acendra

¿Usted qué haría si lo llaman del colegio a decirle que los compañeros de su hijo le pegaron chicles en el pelo?

¿Qué haría si es tarde, de noche y ningún taxi lo quiere llevar?

¿Si no lo dejan entrar a la discoteca que escogió para bailar?

¿Si no le arriendan un apartamento por la región de dónde viene?

Imagínese que usted es Don José y no lo dejan comer dentro del restaurante.

Ahora imagínese que usted no es Don José, pero no lo dejan comer dentro del restaurante y a nadie le importa porque usted es negro. ¿En ese caso qué?

¿Si le matan a su hijo porque lo confundieron con un guerrillero?

¿Si le matan a su mamá por ser líder social y dos de sus tíos están amenazados por lo mismo y nadie hace nada?

¿Si en la casa del lado pican gente?

¿Si lo desplazan de su casa y le violan a su esposa?

¿Si denuncia que lo violaron cinco hombres y nadie le cree?

¿Qué haría si en una entrevista de trabajo le preguntan si tiene hijos porque tal vez de eso dependa si se lo dan o no?

Si, haciendo lo mismo, le pagan menos que a su compañero de trabajo, ¿qué?

Y si lo detiene la policía por darse un beso con su pareja en un centro comercial, ¿usted qué haría?

Si no puede presentar a su pareja en el trabajo porque puede perderlo, el trabajo, ¿qué?

Si tiene que viajar una hora y media por cada trayecto para llegar a su trabajo.

Si el agua le sabe a mercurio y ya no hay mojarra para el almuerzo porque le desviaron el río, ¿qué?

Si le matan a Firulais de diez estocadas en una corrida de perros en La Santa María, ¿qué?

Tengo más preguntas, pero hagamos el ejercicio con estas. Aplican para todo público, independientemente de la raza, el género, el sexo, la orientación sexual o la religión. Porque ni víctima, ni espectador, ni victimario están preparados en todos los casos para responderlas.

El victimario porque lo negará, no lo notará o lo creerá justo.

El espectador porque no le importará, no es con él o lo creerá justo.

Y la victima porque no sabrá cómo reaccionar en el preciso momento en que sufra un acto racista, sexista u homofóbico.

El ejercicio cambia cuando jugamos a la empatía y nos ponemos en el lugar del otro.

¿Cuál es usted? O ¿cuál le dolería?

Todos debemos estar preparados para responder estas preguntas, sobre todo en estas épocas electorales por las que atraviesa el país. ¿Se imagina que lo detuvieran por darse un beso con su pareja en un centro comercial y el candidato por el que va a votar dijera que es justo? ¿O que uno de sus políticos favoritos tuviera algo que ver con el asesinato de su hijo al ser confundido con un guerrillero?

Si su candidato le puede ayudar a resolver la pregunta, marque con una X la respuesta.

El reconocimiento del privilegio Blanco: ¿qué hacer para disminuirlo o eliminarlo?

El reconocimiento del privilegio Blanco: ¿qué hacer para disminuirlo o eliminarlo?

“la sensación de pertenecer al círculo humano, como dicen los nativos americanos, no debería ser visto como un privilegio para unos pocos. Idealmente es un derecho no ganado. En la actualidad, como solo unos pocos lo tienen, es una ventaja no ganada para ellos”

Peggy McInstosh

Por Diana Lorena Montaño Riasco 

Peggy McIntosh en 1988 escribió un ensayo sobre el Privilegio blanco: desempacando la mochila invisible, en el cual reflexionó sobre sus experiencias diarias como mujer blanca en una sociedad racista, que le concedía un lugar de privilegio racial, un privilegio blanco. Por lo que, comprendió que si el racismo colocaba a las personas racializadas en un lugar de desventaja, automáticamente, daba también un lugar de ventaja a quienes eran considerados blancos. Así, su reflexión la llevo a verse a sí misma como “opresora”, pero ejerciendo una presión inconsciente, casi imperceptible que se diluía sutilmente en su realidad cotidiana, la cual ella consideraba moralmente neutral, normativa e ideal.

Para Peggy McIntosh, una mujer blanca y feminista, descubrir esta alarmante verdad le llevó a pensar que su blancura era su “protección de muchos tiempos de hostilidad, angustia y violencia, que le estaban entrenado sutilmente para visitar, a su vez a las personas de color”, quienes no contaban con que su negrura les protegiera de los ataques vehementes generados por el sistema racial, producto de una sociedad esclavista en la que “la simple posesión de la libertad personal era un valioso privilegio”.[1]

Innumerables son los privilegios de las personas blancas dentro de un sistema racista les ha conferido la posibilidad de ejercer, en mayor o menor medida, un domino racial e inconsciente, sobre “ los otros racializados”, en un “sistema invisible”, a través del cual, se ejerce una presión inconsciente que se materializa en efectos concretos que mantienen beneficios ligados a la blancura de sus individuos y sociedades. Así, el hacer conciencia de la existencia de estos privilegios dados socialmente dentro de un sistema racista, apunta a contradecir nuestra noción de justicia: ¿Es este un mundo justo?, ¿Acaso lo que tengo no es producto del mérito adjudicado a mi esfuerzo?, esta contradicción puede exterminar nuestra creencia en un mundo equitativo.

Lo anterior no presupone que todos las personas blancas son racistas per se, pero “todas las personas blancas, intencional o no intencionalmente, se benefician del racismo”[2]. Recuerden que el privilegio blanco funciona como un sistema racista invisible, que se camufla dentro de la cotidianidad naturalizando acciones altamente racistas y violentadoras. Por lo que son los silencios y las negaciones lo que alimentan política y socialmente al privilegio blanco. Veamos cuatro de los efectos de este privilegio blanco enumerados por Peggy McIntosh, los cuales se dan entornos académicos, profesionales o laborales.

  1. Estoy bastante seguro de que mi voz se escuchará en un grupo en el que soy el único miembro de mi raza.
  2. Puedo ser casual sobre si escuchar o no la voz de otra persona en un grupo en el que él / ella es el único miembro de su raza.
  3. Puedo estar bastante seguro de que, si puedo hablar con la “persona a cargo”, me enfrentaré a una persona de mi raza.
  4. Puedo estar bastante seguro de que una discusión con un colega de otra raza tiene más probabilidades de poner en peligroso sus posibilidades de avanzar que poner en peligro las mías.

Seguramente te has sentido identificado con más de una de estas premisas. Peggy pudo reconocer desde su reflexión como portadora activa del privilegio 50 efectos[3] que le ponían en ventaja de las personas afrodescendientes e indígenas de Estados Unidos. Seguramente en nuestra realidad latinoamericana podríamos incluir unos cuantos más, en tanto las políticas de blanqueamiento promovidas en la consolidación de las repúblicas, los discursos higeinicistas y la construcción de la idea de mestizaje han apuntado a borrar, negar y desligitimar la realidad de las personas racializadas, bajo la bandera de la supuesta “mezcla de razas”, lo cual no es más que una manera de “Blanquear el presente” para perpetuar la conservación de los privilegios gracias a la Blancura.

El resquebrajamiento del privilegio Blanco debe darse desde la toma de conciencia de los sujetos que lo detentan, en tanto esto les implicará renunciar a su poder desvelando los silencios y negaciones que alimentan el privilegio Blanco, nutriendo el sistema racista colonial. La pregunta sería ¿qué están haciendo las personas blancas como individuos para interrumpir este el racismo, con el fin de terminar o disminuir su privilegio blanco?

Sé que se estarán interrogando sobre ¿Qué pueden hacer ustedes para minimizar un privilegio que no pidieron tener dentro de esta sociedad racista?, seguro pensaran que no se les puede responsabilizar por algo que no han elegido; sin embargo, quiero recordarles, son herederos de un “sistema de ventajas basado o sustentado en la raza, el cual involucra mensajes culturales, políticas institucionales y prácticas además de creencias y acciones  que legitiman el privilegio blanco” [4],  por lo cual, ustedes deben asumir una posición. Quizás, ustedes no son activamente Racista, porque, no andan difundiendo el mensaje de Odio hacia la gente Negra, Ni pertenecen al grupo neonazi colombiano la Tercera Fuerza, pero seguramente se encuentran ejerciendo un racismo pasivo, en tanto, Les gusta reír con los chistes del soldado Micolta, No ven nada negativo en pintarse el rostro y la piel de negro[5] y usar una peluca afro, además les encanta decirle “Negrito” “Morocho” “Niche” a las personas pertenecientes a la comunidad afrocolombiana, ya que el “Cariño” sentido por ustedes se lo permite.

En este panorama tenemos a la persona Blanca que es activamente racista, y aquella que es pasivamente racista, ninguna de ellas ha renunciado conscientemente a su privilegio Racial.  ¿Cómo lograr hacer consciente?:

  1. El activamente racista, es quien más consiente esta de su privilegio blanco, lo detenta y lo impone, apoyado del sistema racista que inunda con mensajes erróneos la comprensión de los “otros racializados”, se hace defensor de la herencia colonial del racismo y discriminación racial. Es quizás quien menos esté interesado en abandonar su privilegio racial, a menos que suceda algo extraordinario que lo confronte, tal y como le paso al personaje de la película “ American History x”
  1. El pasivamente Racista, es una persona convencida de que le hecho de no ser quien comete los actos de racismo, les hace menos racista. Además, decide tampoco manifestarse contra los que agencian actos de discriminación racial, asumiendo que algunas cosas deben conservar su lugar natural. Esta persona ha naturalizado tanto el racismo, que no logra actuar en contra cuando se comenten y los prolonga cuando los celebra. Por lo que le haría bien, reconocer la herencia de Racismo en su vida, luego Comprender qué es, cómo se expresa y funciona el Racismo, tal y como hizo Peggy, para después comenzar a romper el silencio sobre las situaciones que antes solía naturalizar.

Lo anteriormente planteado hace parte del camino para hacer conciencia del privilegio Blanco que se tiene, siendo un racista activo o pasivo. Sin embargo, existen personas blancas que se han reconocido la naturalización del racismo, lo cual les ha causado un sentimiento de angustia y pena, uniéndose a apoyar las luchas de las comunidades afrocolombianas e indígenas.  No obstante, no necesariamente así se renuncia o minimiza el privilegio Blanco. Por lo que, daré aquí dos tips fundamentales para minimizar el privilegio blanco o usarlo a favor de las causas de las comunidades que han sido puestas en desventaja al interior de la sociedad:

  1. Mantener una actitud de oposición ante el sistema racista, supone no eludir debates fundamentales que proponen las víctimas de la discriminación racial. Por lo que, usted debería colocar su privilegio Blanco a disposición para actuar de acuerdo con sus exigencias. Lo que implica, que visibilice las posturas de las personas negras, afrocolombianas e indígenas que muestran un discurso de posición al racismo, sin tratar de representarlos o ser su vocero. Recuerde que, para visibilizarlos a ellos, usted debe renunciar al privilegio blanco, que permite que usted sea quien hable por ellos, usted debe tratarle como actores validos con capacidad de incidir y trasformar sus realidades.
  2. Recuerde que nombrase así mismo antirracista, no supone que usted lo sea. Estos títulos deben ser ganado a pulso y concedido hacia usted por quienes han sido víctimas del sistema racista. Si ustedes recuerdan, las personas blancas que ayudaron a Harriet Tubman en el marco de la estrategia del tren subterráneo dando estadía a hombres y mujeres negros que se escapan de las plantaciones que los mantenían esclavizados, no se atribuyeron así mismo el título de salvadores ni buscaron disminuir la labor emancipatoria de Harriet y demás personas negras proponentes de esta estrategia. Ellos comprendían que era algo que ellos adeudaban a estas personas, en tanto las comodidades y capital que habían acumulado era causa de la esclavización de las personas negras. Ya ven, esas personas comprendían que estaban “ tratando de compensar” el daño hecho a generaciones y generaciones de mujeres y hombres negros, pero que estaban lejos de ser antirracistas.

La minimización del privilegio blanco implica la confrontación del sistema que lo genera y sostiene, y ese es el sistema racial. En esos intentos de luchar contra ese sistema quizás muchas cosas no puedan ser cambiadas porque se encuentran enquistadas en la mentalidad de las personas que detentan ese privilegio Blanco, sin embargo negarse, eludir, evitar confrontar al sistema racista evitará que alguna cosa sea cambiada, y para mí solo aquel que confronta sistemáticamente al sistema desde su cotidianidad y experiencia propia, aunque eso le cueste amistades, espacios públicos, políticos y académicos, realmente comienza a hacer parte de un pensamiento antirracista.

 

 

[1] Reflexión extraída del libro los Jacobinos Negros, escrito por C. L. R James, P. 27

[2] Extraído del Libro “Why are all the black kids sitting toguether in the cafetería”, escrito por Berbely Daniel, profesora en psicología y educación afroestdounidense, p. 11.

 

[3] Ver ensayo de Peggy McIntosh https://www.racialequitytools.org/resourcefiles/mcintosh.pdf

[4] Extraído del Libro “Why are all the black kids sitting toguether in the cafetería”, escrito por Berbely Daniel, profesora en psicología y educación afroestodounidense, p. 9

[5] Esta Práctica abiertamente racista  es denominada “Black Face” https://afroestilo.com/blog/2015/10/07/contexto-historico-del-blackface-por-que-no-somos-diferentes-en-colombia/

 

Fotografía bajo licencia CC: https://www.flickr.com/photos/rnbow/5977804352/in/photolist-a7eNYh-4MoZEN-4ToQCh-VCkeJX-2WRnHg-242RJJF-kU7E5g-U4E6Bz-5zZUDS-242RKQi-22CYB4h-91aiUC-8hsnbx-RV5ANK-WTqpvs-a2MWDn-U1xKBL-U1zhWC-UGN29f-U1yhmw-oVeYK1-2cLCDPb-knjDT6-Vi3vTc-FzYPfg-2dpRCrX-GmzdjA-8XwiHu-8XtkoV-Vet4Jy-VTCF6Z-5zJmek-5fKFDU-917c8p-9HNzX2-7Eqf1M-8XtkqH-KLgnS-2eJ1L55-U1yceY-WjxnCC-V6km34-dZVQdk-UGMMHC-Veu9mh-RFv1QA-7Cbmom-rYz6Bg-5fFjXz-sfB3R5