Por Dayana Blanco Acendra

¿Usted qué haría si lo llaman del colegio a decirle que los compañeros de su hijo le pegaron chicles en el pelo?

¿Qué haría si es tarde, de noche y ningún taxi lo quiere llevar?

¿Si no lo dejan entrar a la discoteca que escogió para bailar?

¿Si no le arriendan un apartamento por la región de dónde viene?

Imagínese que usted es Don José y no lo dejan comer dentro del restaurante.

Ahora imagínese que usted no es Don José, pero no lo dejan comer dentro del restaurante y a nadie le importa porque usted es negro. ¿En ese caso qué?

¿Si le matan a su hijo porque lo confundieron con un guerrillero?

¿Si le matan a su mamá por ser líder social y dos de sus tíos están amenazados por lo mismo y nadie hace nada?

¿Si en la casa del lado pican gente?

¿Si lo desplazan de su casa y le violan a su esposa?

¿Si denuncia que lo violaron cinco hombres y nadie le cree?

¿Qué haría si en una entrevista de trabajo le preguntan si tiene hijos porque tal vez de eso dependa si se lo dan o no?

Si, haciendo lo mismo, le pagan menos que a su compañero de trabajo, ¿qué?

Y si lo detiene la policía por darse un beso con su pareja en un centro comercial, ¿usted qué haría?

Si no puede presentar a su pareja en el trabajo porque puede perderlo, el trabajo, ¿qué?

Si tiene que viajar una hora y media por cada trayecto para llegar a su trabajo.

Si el agua le sabe a mercurio y ya no hay mojarra para el almuerzo porque le desviaron el río, ¿qué?

Si le matan a Firulais de diez estocadas en una corrida de perros en La Santa María, ¿qué?

Tengo más preguntas, pero hagamos el ejercicio con estas. Aplican para todo público, independientemente de la raza, el género, el sexo, la orientación sexual o la religión. Porque ni víctima, ni espectador, ni victimario están preparados en todos los casos para responderlas.

El victimario porque lo negará, no lo notará o lo creerá justo.

El espectador porque no le importará, no es con él o lo creerá justo.

Y la victima porque no sabrá cómo reaccionar en el preciso momento en que sufra un acto racista, sexista u homofóbico.

El ejercicio cambia cuando jugamos a la empatía y nos ponemos en el lugar del otro.

¿Cuál es usted? O ¿cuál le dolería?

Todos debemos estar preparados para responder estas preguntas, sobre todo en estas épocas electorales por las que atraviesa el país. ¿Se imagina que lo detuvieran por darse un beso con su pareja en un centro comercial y el candidato por el que va a votar dijera que es justo? ¿O que uno de sus políticos favoritos tuviera algo que ver con el asesinato de su hijo al ser confundido con un guerrillero?

Si su candidato le puede ayudar a resolver la pregunta, marque con una X la respuesta.